sábado, 30 de abril de 2016




Los optimistas



   El optimista hace de un mundo de problemas un cuadro de oportunidades, un camino a sortear que transforma la vida cotidiana en un patio de juegos. Lo que produce desaliento a algunos para ellos es un acertijo rogando ser descifrado, un trabajo para la mente, una prueba para el alma que deben superar para sentirse realizados.
   La palabra “desesperación”  no existe en su diccionario.
   El optimista se mueve como un barco en la tormenta, nunca se detiene, sólo se bambolea, no deja de moverse, baila al compás del rugido oceánico desafiando a la vida y los problemas. Y si cae, lo hace con orgullo y dignidad porque está consciente de que ha hecho lo que fue necesario y  que no hay nada más hermoso que morir en pos de una meta. Y si puede, se levanta y vuelve a la carrera, porque el optimista no nació para quedarse quieto, sino para luchar en la guerra interminable contra la derrota que siempre lo acecha.
   El optimista conmueve al mundo con su fortaleza.
   Y su lema es “no le temas el miedo”
   Y a partir de ello, se mueven, luchan, ríen, no se detienen. Son dichosos ante un obstáculo, son fogosos a la hora de pelear y sus ojos conservan la incredulidad de un niño y la rebelión de un adolescente. Reconocerás a un optimista entre la multitud, reconocerás sus pasos decididos, su mirada erguida, su sonrisa siempre en el rostro y ese semblante que no pierde la fe y predice algo bueno.
    Estar en presencia de un optimista es sentir que sucederá algo increíble de un momento a otro, que te absorbe su hermosa canción, que crecen en ti increíbles anhelos que jamás imaginaste que podrías cultivar en tu interior. Estar con un optimista es renovar tu contrato con Dios, es entregar tu alma a un sueño, es ver a un mundo que creías sepia con un verdadero color.   
   El optimista es un portador de ilusión.
   Si el mundo estuviese gobernado por ellos, sería mucho mejor.  Pero eso es imposible porque no tienen gobierno, ni patria ni límites, ellos son los soñadores, los planificadores de su propio camino, los arquitectos de su propio destino y no conocen los estados porque sus pasos no tienen fronteras y sus lenguas hablan todos los idiomas.
   El optimista es un delegado de Dios.
   Si conoces a un optimista, sigue sus pasos y contágiate  todo lo que puedas de su pasión, porque ellos saben vivir y hacer soluciones en los problemas, ellos no le temen a la vida y a la muerte la respetan, viven con lo que tienen, si buscan algo lo encuentran  y multiplican la suerte de aquellos que los rodean.
   Ser optimista es una ideología de vida, un reto a la vida, una risa que nunca termina.
   Sigue mi consejo y hazte uno de ellos, ¡verás qué bello es vivir cuando hay fe en tus acciones y humor en tus dolencias!  Porque ser optimista es vivir con furor cada uno de tus días.
    No le temas al miedo y ríe ante la desdicha. 
    Sé feliz, sé un optimista.


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