domingo, 8 de mayo de 2016



El Hado


Ey, tú, lee esto.
Desde Argentina, ¡ey!, mi país jodido.
Ey, Ey, mantén los ojos bien abiertos.
Presta atención a lo que escribo.

A todos aquellos que creen en sus cartas y brujas.
A todos aquellos que cuentan sus pasos con incienso.
A los que derivan al misticismo su fortuna.
A ellos van estos versos.

Cuando se trata del Destino, yo no tengo dueño.
A mí que no me vengan con cartas, velas ni credos.
Yo creo mi futuro y lo que suceda, será por lo que he hecho.
No por un oráculo de ancianas o remedios caseros.

Yo soy quien crea mi destino
No un dios enfermo y aburrido
Concebido por la imaginación de unos simios.
Con tiempo libre y mentalidades de niño.

El Hado es mío y de nadie más.
Y será él la sombra de mis pasos, no al revés.
No le temo a la superstición ni a la maldad.
Y no necesito un rosario para sentirme bien.

Y el que me desee el mal, adelante.
Y el que me tenga envidia que haga algo por su estado.
Porque eso no matará mis ambiciones.
Y si creían que así sería, lamento decepcionarlos.

Yo no me detengo por nada ni nadie.
Respiro anhelos y exhalo éxito.
No necesito de sus credos y ángeles.
Tengo a mi musa y mis sueños.

Así que, ya saben.
Yo soy el dueño de mi Hado.
Yo labro mi camino y no le temo a nadie.
Ni a sus brujas, ni a sus cartas, ni al fracaso.



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