viernes, 13 de mayo de 2016



El pañuelo de tu lágrima



Sin importar el dolor del sacrificio.
Yo, por ti, recibiría la bala.
Porque lo vales, y no me arrepiento de lo que digo.
Porque eres todo, y sin ti, no sería nada.

Porque, cuando la oscuridad me atrapó, tú me salvaste.
Con tu palabra sincera, dosificaste mi temperamento.
Tan pocas personas así: estás en extinción, y no lo sabes. 
Eres un bypass a mi corazón, mi verdadero sustento.

He encontrado una pepa de oro entre tantas rocas.
Y no la dejaré ir, pese a que el tiempo decida. 
Me mantengo de tu amor, y tus dulces palabras.
Eres la madre de mi angustia, una caricia a mi autoestima.

Porque tú ves en mí algo más que plumas negras.
Oscuridad ponzoñosa, y angustias austeras.
Cultivas el amor dentro mío, y riegas mi confianza reseca.
Eres el ejemplo a seguir, que jamás podré imitar, siquiera.

Pero no me importa, porque tengo el original.
Te tengo a ti, y a tu cariño complaciente.
Lo que jamás tuve, y ahora gozo, de verdad.
Lo que siempre quise, y siempre estuvo ausente.

Y por eso, ahora tengo una misión:
Ser la guardiana de tu alegría.
Preservar intactos, tu alma y tu corazón.
Cuidar de tu sentimiento, llenar el agujero en tu herida.

Déjame ser la que reciba la bala.
Cuando los chacales ronden a tu alrededor.
Déjame resguardarte de esas artimañas,
De esos chupasangres austeros, carentes de corazón.

Porque te debo todo, y lo sabes.
Porque acepto, con alegría, mi labor de hija.
Porque  agradezco, de veras, tu papel de madre.
Llevaré conmigo, por siempre, el recuerdo de tus caricias.

Y esta vez, escribo en serio.
Permíteme ser tu chaleco anti- balas.
El cordero de tu monasterio.

Déjame ser el pañuelo de tu lágrima.   


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