miércoles, 11 de mayo de 2016



En la cúspide del horror
(Los hijos de la mafia)



  Cuando todo termine y los últimos vestigios de la Horrenda Sociedad se deshagan alguien tendrá que levantar los despojos. Alguien tendrá que sentarse en ese trono y dirigir la orquesta monstruosa de la consciencia enferma que su antecesor impuso sin chistar, y ya están listos y aceitados, esperando en la oscuridad.
   El Jefe maldice tranquilo, porque sabe que la maldad no terminará y que detrás de esa puerta alguien se entrena para poderlo reemplazar. Arrancados a temprana edad del calor de sus hogares y seleccionados por el Diablo, ellos son los hijos de la mafia, los herederos del horror y el vehículo del pecado. Ellos son las manzanas tiernas que caen del árbol y esperan con avidez madurar, ellos son el arma perfecta lista para usar que no discrimina en sexo ni edad.
   Golpeados, torturados y modificados: les han quitado el calor en sus venas y han llenado sus corazones de odio y desilusión. Saben lo que es el dolor pero no conocen otra emoción, son bestias las que viven en esos pequeños pechos y que se alimentan y crecen con el tiempo hasta que llegue el momento de entrar en acción. Y cuando eso sucede, créeme, tu no lo quieres presenciar. Asesinos, eso es lo que son, están corrompidos por dentro, no tienen solución y  ellos lo saben pero no les importa porque tienen una misión. Y esa misión es llenar tus pulmones de plomo hasta que te ahogues en pólvora y se vacíe el cañón, sus pupilas heladas son el espejo del Diablo y sus palabras son gruñidos que congelan tu corazón.
   Ellos son los Hijos de la Mafia, los perros del Jefe que no se lo pensarán dos veces antes de atacar, los que esperan el chasquido antes de actuar: ellos son el comodín del traficante,  los hijos legítimos de Lilith y el aborto de la Humanidad. Las peores almas duermen en ellos y se ríen de nosotros en la oscuridad, susurrando palabras de odio contra los enemigos y mentiras a los amigos antes de morder sus espaldas en cuanto tengan la oportunidad.
   Desde arriba el Jefe observa a sus queridas bestias, admirando sus actitudes y preguntándose quién de todos ellos ganará. Los odia y les teme, porque sabe que cualquiera de esas criaturas horrendas lo devoraría si tuviera la oportunidad y es que en la Mafia Social no existe la lealtad. Un mordisco, un gruñido y una mirada inteligente: el Jefe no puede evitar sentir un poco de cariño hacia sus reclusos, y admiración ante tanta tenacidad. El Gran Señor juega con fuego y el saberlo no hace más que aumentar su curiosidad, ¿cuál es el más fuerte? ¿Quién lo sucederá? Él los odia y los ama a su manera, como un coleccionista de bestias que acaricia los barrotes de su obsesión con enferma animosidad y pincha con crueldad a sus mascotas, las cuales se quejan con ferocidad. Sonríe, satisfecho porque él simplemente adora oírlas aullar.
   Ellos son los Hijos de la Mafia, los fetos enfermos de la Nueva Sociedad que las Pequeñas Empresas crearon en su frenesí histérico y audaz. Ellos son los niños golpeados, los pobres y traicionados que no conocen otra cosa más que el dolor y la mentira y se niegan ahora a amar. Nacieron con un arma bajo el brazo y fueron amamantados por una prostituta cuyos pezones congelados fueron lo primero que conocieron sus labios y que ahora se curvan en horrenda mascarada saboreando la maldad.
     Ellos fueron criados por los hijos de la negligencia, encerrados en el corral de la indiferencia cual animales de feria mientras sus figuras perdidas los entregaban a sus corruptores por unas cuentas monedas. Les han negado la infancia, les han quebrantado la inocencia, han prostituido sus sueños, han ignorado sus ruegos y se han reído de sus dolencias. Hasta que sus corazones se hicieron de hierro y sus colmillos se afilaron en triste autodefensa: morderán la mano amiga y enemiga como si lo mismo fueran, porque no creen ni en el que tiene el agua, ni en el que tiene el bate siquiera. Y, llegado el momento, parirán más bestias- aún más feroces y violentas- que rumiaran su odio sobre esta corroída tierra, escupirán en el rostro del noble y alentarán el rencor en las consciencias enfermas.

   Ellos son la primera Nueva generación, los Hijos de la Mafia, los Herederos del Horror y cuando llegue el momento de saldar cuentas no habrá nada que los detenga, se quebrarán los bozales y ríos de sangre inundarán la tierra. Así que prepara tu arma y bendice tus balas, porque está será la Guerra de Guerras.
                      

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