sábado, 14 de mayo de 2016



La pesadilla del escritor



Se acabó.
Se quemaron tus sueños, estás sola.
Se terminó.
No hay nadie para ti, ahora.

Las personas van y vienen.
Sin ver, sin respirar.
Y tú no eres nada en particular.
Una mancha oscura en esta sociedad.

¿Por qué no aprietas el gatillo?
Tu existencia no tiene sentido.
Tu alma es un ente podrido.
Carcomida por tus propios delirios.


No eres nada en particular.
Sólo un par de yemas que no pueden sentir
Que apenas sí pueden teclear.
Lo que tu corazón no quiere latir.


Podrás evitarme e ignorarme.
Pero nunca  deshacerte de mí.
Soy el que te torturará hasta el desarme.
Lo que tu depresión llamó en el medio de tu sufrir.

Soy el perro negro que aúlla por las noches.
Lo que tú no puedes llorar.
Soy el guardián de tus desesperaciones.
Lo que invocaste, sin invocar.


Reza, reza todo lo que puedas.
Llena tu muñeca de crucifijos.
Pero sabes que no soy lo que piensas.
No puedes acabar conmigo.

Porque, para eso, debes acabar contigo.
Ya es tarde para buscar el Sol.
Estás sumida en el mar infinito
De la triste depresión.

Y te aullaré todas las noches.
Y soplaré sobre tu oreja mientras duermes.
Y me recostaré a tu lado mientras escribes.
Porque soy el can fiel de tu desquiciada mente.

Y estaré contigo por siempre,

Hasta que nos separe la dulce muerte. 


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