martes, 17 de mayo de 2016



La Reina del Baile



    Las luces de colores se deslizaban-impías- sobre su rostro sudoroso. El rímel y el resto del maquillaje habían llegado hasta su mentón. Una lluvia de espuma inundaba su camino y, entre cuerpos danzantes y corroídos, se hacía lugar…

La Reina del Baile, ¿a dónde irá?
La Reina del Baile, ¿cómo se llamará?
La Reina del Baile, ¿con quién bailará?

   Empujando espaldas y arañando brazos desnudos. Sus ojos oscuros buscaban algo con desesperación. Completamente desorientada, sus brazaletes de plástico bailando al compás de la música mientras ella retoma la carrera desenfrenada entre la cordura y la conmoción.

¿Y cuándo es que cesó de correr?
¿Y cuándo es que cesó de bailar?
La Reina del Baile, ¿a dónde irá?

   Cae un bailarín desde el piso superior, se vuelcan varias botellas. Lluvia de vodka para el piso inferior, gritos mansos delatan sorpresa. Y ella corre, con los ojos desorbitados y el cuerpo tembloroso. Se mueve, exasperada, pero nadie la oye. Sube el volumen el Dj de la discoteca, el infierno sabe a frambuesa, dice una ebria. Una coro de risas le siguen, el Diablo baila en patines, Fausto intenta hacer un movimiento con Helena y Lilith bebe un Martini de manzana.
     Mientras la música resonaba, con fuerza y golpeaba sus corazones, cantando:

La Reina del Baile, ¿dónde está?
La Reina del Baile, ¿desertará?
La Reina del Baile, ¿bailará?

   Colores, gritos, centellas y alcohol… Y, cuando ella quiso darse cuenta, se encontró bailando al compás del ritmo siniestro ¿Quién había tocado su mano? ¿Quién la señalaba entre el gentío? ¿Por qué la estaban mirando? La cabeza le daba vueltas, pero eso no le impedía bailar: volaba con confianza en la tierra, con una naturalidad perversa que algún demonio le dejó al pasar. La gente le aplaudía, entre gritos, formando un muro a su alrededor para poderla admirar. Mientras la música subía su volumen, embriagando a la muchedumbre con su ritmo dispar:

La Reina del Baile, ¿Dónde está?
La Reina del Baile, ¿bailará?
La Reina del Baile, ¡qué bella está!

  Se encontraba sumergida en un océano de colores difusos y extraños sonidos. La corona le pesaba, al igual que sus pensamientos, su cuerpo le traicionaba, deseoso de bailar. Y su corazón latía fervientemente, cual si quisiera explotar, siguiendo el ritmo enfermizo del lugar.

La Reina del Baile, ¿lo logrará…?

   Tun.Tun.Tun.
   No había modo, no podía parar.
   Poco a poco, se le dificultó el respirar. La masa que la rodeaba comenzaba a unirse a su frenético compás, sin saber que en el fondo, no era ella quien bailaba, sino alguien más: algo venenoso corría por sus venas, inflaba sus músculos y la hacía delirar.
   Ella respiraba a bocanadas, cansada y estresada, sus sentidos a punto de explotar.

La Reina del Baile, ¿bailará…?

   Intentó con todas sus fuerzas gritar, pero era imposible: ¿quién la podría escuchar? Movía los labios, que a esa altura habían comenzado a salivar de una forma horrenda, sin poder articular palabra alguna. Pero ellos no lo notaban, tan absortos estaban con sus pasos, con sus flirteos, con sus prácticas de seducción.
   Una orgía gigantesca de sentidos se había armado en la Disco Inferno.

La Reina del Baile, ¿bailará…?

   Todo se le hacía borroso, apenas sí podía ver bien: figuras difusas, cual fantasmas, la observaban desde una dimensión extraña, no sabía por qué. Pero el horrendo baile jamás cesó, porque sus pies no se lo permitían, porque ella no controlaba sus acciones.

Ella es la Reina del Baile, la que no puede dejar de bailar…
Y nosotros la coronamos, porque nos conquistó con su compás infernal…

  Todos la señalaban, entre vítores y aplausos, a medida que la rodeaban cual nube inmensa de carne, humo y alcohol, mientras la sustancia se abría paso en sus venas, carcomía su piel. Iba rauda, hacia sus pulmones y llegó hasta su corazón con una embestida cruel.  
   Tun… Tun…Tun…
   Y, de repente, se detuvo.
   Y sus pupilas se dilataron, con horror.
   Y ella calló, en un último espasmo, sobre el suelo de la disco y en medio de un ritmo histérico de gritos y confusión. Varias manos llegaron a socorrer el cuerpo, repleto del tóxico que ella no pudo divisar en aquella bebida que aquél extraño le ofreció al entrar.
   Pobre ilusa… ¡Aceptar la corona sin saber lo que podría pesar!
   Y se la llevaron, envuelta en sábanas blancas, hacia la salida de aquél bar. Mientras la música seguía sonando, melancólica:


La Reina del Baile, ¿dónde está?


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"Dance", by Klaus Kampert