jueves, 12 de mayo de 2016


Los Fantasma


   La luz de la vela se consumía rápidamente en la penumbra de aquella diminuta habitación. Las puertas estaban carcomidas por insectos, las paredes gimiendo a causa de la humedad, la vida huyendo de la corrosión de aquél horripilante espacio.
   Todo huía de allí, todos repudiaban aquella triste casa, en las afueras del pueblo Onreva.
   Todos, menos los Fantasma.
   Pertenecientes a una antigua familia aristócrata, ellos dos eran los últimos herederos de una fortuna que mermaba, los últimos vestigios de una reputación en sus momentos, intachable. Corría sangre negra por sus venas, un orgullo muerto en su pecho. Tenían una diadema rota sobre sus cabezas. 
   Eran los Fantasma.
   Eran hermanos y se odiaban.  Vivían juntos porque no había dinero suficiente para mudarse. Se hablaban porque la soledad los mataba. Aunque en el fondo, y ellos lo sabían, ya estaban muertos.
   Eran fantasmas.
-          - Elsa.
-          - Horacio.
-          - ¿Dónde están nuestras joyas, nuestros campos y orgullo?
-          - ¿Dónde está tu corazón, hermano?
-          - ¿Dónde está el escudo? ¿Qué ha sido del oro y la admiración?
-          - ¿Qué ha sido de nosotros, desdicha de sangre?
-          - ¿Cuándo fue que caímos en el Infierno de la pobreza?
-          - ¿Alguna vez tocamos el Cielo?
-         -  Estamos condenados a morir en despojos…
-          -  … Y vivir de ruinas.
-          -  Elsa, mi muy amada hermana, cásate con alguien que te merezca. Haznos ricos de una vez, devuélvele la gloria a esta desdichada familia.
-            - Sabes bien que nos odiamos, y que no hay mano que me merezca.
-           - Sabes bien que moriremos de hambre si no buscas algo antes que este año perezca.
-          -  No haré nada que te haga feliz.
-          - ¿Siquiera a ti, mi muy repudiada hermana?
-          - Siquiera a mí.
-          - Tan bella, tan joven…
-          - Tan insulso, tan lascivo…
-           - Tan esbelta, tan llamativa…
-          - Tan odioso, tan impío…
-          -  Elsa…
-          - ¿Horacio?
-          - Permite, por favor, que tus tiernas décadas sean el néctar negro que atraiga a  las gordas abejas, mi muy odiada hermana, mi sanguijuela insaciable. Llévanos a la colmena, ¡y saciémonos con la dulce miel que baña al oro!
-          - Horacio…
-          - ¡Complace a nuestros padres y abuelos, libérame de la congoja que nos da la pobreza, sirve a tu estirpe!
-          - Yo sólo sirvo a Dios.
-          - Dios nos ha abandonado, al igual que la gloria.
-          - La vida es sólo un recuerdo…
-          - Un mito embustero…
-          - Un insano presentimiento.
-          - Es carne latiendo.
-          - ¿Cuándo dejó de latir la nuestra?
-         -  Elsa…
-          - ¿Horacio?
-          -  Ofrece tu mano, ¡y tienta a la sabrosa suerte a volver a nuestra morada! Y que empalague nuestros l labios con el dulce vino de la dicha… ¡de la dicha de ser rico!
-          - Rico…
-          - ¡Oro, oro!
-          - Riqueza...
-          - ¿Quién no ha deseado nunca al Gran Amarillo? ¿Quién no daría su alma, su vida, por él?
-         -  La vida es sólo un recuerdo…
-          - ¿Quién no se entregaría a su lujuria dorada?
-          - Un mito embustero…
-          - Dime, hermana, ¿quién?
-          Carne latiendo…
-          - ¡Déjala que lata, que lata! ¡Entrega tu carne al Gran Amarillo, y libéranos!
-          - Horacio…
-         -  Elsa, ¡rifa tu corazón y píntalo de dorado! ¡Oro, oro, oro!    
-         -  No lo haré.
-          - ¿Por qué no?
-          - Porque estamos muertos.
-          - Siempre encuentras una excusa para todo.

        Eran fantasmas. 
                                     
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