lunes, 16 de mayo de 2016



Mi ángel roto





   Amarte de esta manera.
   Con el corazón sangrando, en las sombras, hambrienta.
   ¿Qué es esto que siento? ¿Este desgarro tan dulce que me hace gemir?
   ¿Qué es este dolor austero, tan pecaminoso y dulce, que me insta a delinquir?
   Beso la sombra de esos labios, en la oscuridad más remota de mi habitación. Entre el silencio de aquellas sábanas que confían, a la nada, mi dolor.
   Te he probado sólo una vez, pero ha sido suficiente para una eternidad.
   Mi bella, mi flor negra.
   Mi brillante azul.
   Eres hermosa e imposible, eres una quimera.
   Eres la promesa egoísta de algún terrible Dios.
   Eres perfecta para esta alma insurrecta.
   Amarte de esta manera, tan terrorífica y dolorosa, tan peculiar.
   No puedo quererte como quisiera, no puedo: daría lo que fuera por ser ese hombre que, yo sé que imaginabas en mí, cuando me besabas.  
   Quisiera ser la solución a tus dudas, la promesa de tu felicidad y la carcasa de tu alma.  
   Quisiera protegerte, pero estás destinada a una bella ruptura.
   A una poética amargura.  
   Quiero ayudarte, pero no puedo, porque no soy lo que buscas.
   Esos ojos miran hacia ambos lados, con ansiedad, ¿qué buscas, cielo? ¿Por qué tan triste? No lo sabes: juegas entre pieles, lloras en muchos brazos y ríes desesperada, en busca de la felicidad.
   Una vez, yo fui todo eso, hasta que alguien más ocupó mi lugar.
   ¿Qué he hecho para que te vayas, Hermosa Petulante? ¿Qué he hecho mal?
   ¿Y quién soy yo para monopolizarte, Golondrina Emocional?       ¿Quién soy yo para negarte a los bastos cielos, que conforman tu hogar?
   Has astillado mi corazón, bella, pero no me atrevo a arrebatarte la libertad.
   Lo que sucedió en ese ayer fue prohibido, pero también lo más hermoso que he sentido jamás.
   Guardaré esos recuerdos para tus momentos de ausencia y los reviviré en versos, para nunca más olvidar. Viviré con tus palabras fútiles, murmurándolas una y otra vez, reviviéndote eternamente, serás la alquimia perfecta que me desangrará.    
   Mi rosa negra, mi Ángel Fatuo, que manera más bella de delirar.
   ¿Qué sucede, mi no amor? ¿A dónde vas?
   Besaría esos pétalos de nuevo, me ahogaría sumisa en ese océano que conforma tu desconsuelo, Dios hazme hombre para poder hacerla feliz.
   Pero no es posible: me depara un futuro gris y sin ti.
   Tan triste y profunda… tan fría y caliente en su herir.
   Te amo, Sacrílega, aunque apenas te acuerdes de mí.
   Te adoro, Rosa Negra, aunque no signifique mucho para ti.
   Ser parte de tus experimentos me hace feliz.
   Y, aunque jamás supere tus expectativas… siempre estaré para ti.
   Ven, Alas Rotas, úsame como quieras: soy tuya, y siempre lo fui.
   Construye una canoa con mis huesos, arma un arco con mi cabello, escóndete de la lluvia con mi piel. Haz lo que quieras con este cuerpo, Rosa Negra, pero no me abandones. No vayas a donde no te pueda seguir.
   Pero es inevitable: te irás de nuevo, porque el cielo es basto y yo limitada, porque mi alma está agotada y tú eres incansable… te irás porque tiene que ser así.
   Porque no soy suficiente para ti.
   Y, de alguna manera, está bien por mí.
   Hasta que vuelvas de nuevo, te llevarás el Sol y la Luna, y me dejarás expuesta a la sombra más oscura y senil. Sobreviviré sin ti, pero no seré feliz.
   Haría lo que fuera por mantenerte junto a mí.
   Por favor… sonríe, sonríe para mí.
   ¿A dónde vas, mi no amor? ¿Podrías besarme, antes de partir?   

   Adiós, mi Bella Fría, y hasta otro herir. 


                              Copyright © 2016 Alexander Nells. All rights Reserved.
                                                    Imagen de  Ise  Ananphada