martes, 24 de mayo de 2016


Mis queridos señores


He luchado durante mucho tiempo contra el mundo, ¿sabes?
Porque, cuando ellos me dijeron que no, yo grité SÍ.
Porque, cuando ellos me prometieron fracaso, yo juré VICTORIA.
He luchado contra ellos aún cuando carecía de un techo donde dormir.
O de una trinchera donde pudiese esconderme de sus sabuesos.
Mi chaleco se encontraba acribillado de sus balas.
Mis piernas cansadas de tanto correr.
Mis brazos congelados, todo en mí parecía ceder.
Todo en mí parecía desaparecer.
Ese día estaba segura de que no volvería a ver otro amanecer.
Y cuando caí, presa del agotamiento, no pude evitar ver la oscuridad.
Fue entonces cuando el ojo del mundo se posó sobre mí.
Fue entonces cuando el ángel más bello me preguntó, ¿y ahora qué?
Podría haber jurado oírlos reír a lo lejos.
Ése era el final, ése era el fin.
Pero no quería morir, no podía, ¡el mundo aún no había probado mi furia!
Ellos ignoraban tantas cosas sobre mí…
Ellos aún no me conocían.
¡No podía irme sabiendo que se olvidarían de mí!
Mi cuerpo estaba mutilado, sí, pero mi alma no dejaba de crepitar.
Fue entonces cuando decidí que no quería morir.  
Fue entonces cuando, el corazón que se había detenido, volvió a latir.
Y el ángel que, miraba a lo lejos, sonrió.
Y La Muerte, confundida, bajó su guadaña.
Y el Ojo, curioso, parpadeó.
Y, en silencio, este cuerpo pesado volvió a incorporarse.
¡Con la energía maldita de esta rebeldía fatua que corre por mis venas!
¡Con la rabia llameante que esta Tierra genera en mí!
¡Con esos deseos ardientes que siempre me incitaron a seguir!
¡Mundo, aún tienes mucho que saber de mí!
¡Bastardos, hacen falta más balas para apagar este frenesí! 
Soy un soldado que no conoce la derrota.
Soy  mucho más de lo que ustedes podrían decir.
Soy una pasión que ha tenido la suerte de respirar.
Soy una idea hecha carne.
Y cuando ustedes me derriben, simplemente, volveré.
Con la fuerza que sólo el Universo puede derivar en mí.  
Volveré: una, y otra, ¡y otra vez!
Porque el verdadero fracaso lo declararé yo.
Porque mi peor enemigo es mi reflejo.
Y, ustedes, no son más que unos invitados en el coliseo de mi vida.
Unos espectadores tristes y escépticos.
Los bufones sarnosos de esta comedia que conforma mis osadías.
Y siquiera eso.
He luchado durante mucho tiempo contra el mundo, ¿sabes?
He hecho lo que quise y de nada me arrepiento.
He pecado, amado, delinquido y blasfemado infinidad de veces.
Pero no pediré perdón, porque ustedes no merecen mi respeto.
Y si debo disculparme ante alguien, que sea ante El Grande que todo lo puede.
A ése que me espera, con paciencia de anciano, en ese trono galáctico.
A ése que tiene infinidad de nombres, millones de hijos y un corazón intacto.
Ante ese hombre, y sólo a él, pediría perdón por mis actos.
He aullado durante mucho tiempo a esa luna de asfalto, ¿sabes?
He sido el mártir, la virgen, la prostituta y el diablo.
He sido todo lo que no he querido y, a la vez, lo que siempre he deseado.  
Y seguiré haciendo lo mismo, hasta que el cuerpo me pida un descanso.
Y ninguno de ustedes me detendrá, ¿me leyeron? ¡Ustedes no tienen poder sobre mis pasos!
Seré esa bestia salvaje que carece de tierra pero tiene el mundo en sus manos.
Y los demás, simplemente, me tienen sin cuidado.
He guerreado durante tanto tiempo contra sus paradigmas insensatos…
Pero ahora me he dado cuenta de que no tiene sentido seguir intentándolo.
Ustedes no forman parte de mi vida.
Y, al parecer, yo he dejado de hacerlo hace ya muchos astros.  
Así que, adiós, y hasta nunca.
Sin resentimientos, sin pena y sin recato.
No los extrañaré, pero mentiría si dijese que lograré olvidarlos.
Adiós, y si alguna vez quieren saber de este pobre soldado,
Pregúntenle a esa estrella, a esa que brilla a lo lejos,
Cerca de la luna y lejos de los demás astros.
Pregúntenle a ella, que siempre sigue mis pasos.
Y aclama mis victorias con destellos velados.
He luchado durante mucho tiempo contra sus prejuicios exaltados…
Pero ya es hora de bajar los brazos.
Señores, fue un placer, pero debo seguir caminando.
Porque, mientras nosotros discrepamos, el mundo sigue girando.
Señores, mis más cordiales saludos, y gracias por tanto.

Señores: adiós, hasta nunca, y gracias por el mal trago. 


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