martes, 10 de mayo de 2016




Muere joven




   Ey, tú, vagabundo.
   Puedo oír el llanto agolpado en tu pecho.
   Puedo ver las lágrimas que te matan por dentro.
   Y yo sé lo horrible que es…
   Caminar por esas calles asfaltadas sin expectativas, sin promesas ni amor, sin futuro, arrojado a los brazos del diablo en esta ciudad tan vacía que sólo produce desesperación. Yo sé lo que es vivir muriendo, que el aire te sepa a ácido, que todos los rostros te produzcan un odio inmenso, que la desilusión consuma la energía que queda en tu cuerpo.
    Por Dios, compañero, yo sé lo que es eso. 
    Te parieron sin alegría y te criaron con indiferencia, tu risa es un suspiro, tu sonrisa una mueca, las personas que una vez amaste tomaron lo mejor de ti y se fueron sin decir algo siquiera: con experiencias así es normal que tu alma se vuelva fría y fiera. Ya no miras a los ojos, ya no hay calor en tus venas, te has resignado al hielo que acunó en tu pecho tanta tristeza, veinte inviernos anidaron en tu corazón la soledad de un fantasma en pena.
    Arriesgas tu presente porque no crees en el futuro y tiene sentido puesto, ¿qué puedes esperar del mañana cuando te han quitado el ayer? Los que ahora pulen sus guadañas antes tallaron tu cuna, ¿es increíble, cierto? Lo espantoso que puede ser este mundo, lo depravadas que se han vuelto las relaciones y la enorme serpiente que se enrosca predadora alrededor de nuestros tobillos y llamamos sociedad.
    La pistola que descansa en tu mano es el boleto a la paz anhelada.
    Pero tienes miedo, ¿cierto?, dar un paso así a veces requiere de una existencia entera de valentía, una década de decisiones y un milenio de vida.
     Y la violencia…
     Y la indiferencia…
     Y el horrendo desamor…
     ¿Qué pasa por tu mente ahora, compañero?
     Y los gritos…
     Y la desilusión…
     Y los recuerdos marchitos…
     ¿Qué esperas, camarada?
     Las traiciones son tantas y las cicatrices tan profundas que apenas sí puedes reconocer tu reflejo en ese espejo, te preguntas qué sucedió, cuándo has caído tan bajo, cuándo fue que violaron tu sentimiento. Y tienes miedo, pese a que no quieras admitirlo, a ser como ellos.
     Ese diente de metal promete llevarte lejos.
     No hay más lugar en este mundo para tener sueños.
     Muere joven, amigo mío, mi misántropo enfermizo, mi hermano de sangre helada.
     Vagabundo, tú y yo somos hemos sido concebidos por el mismo espíritu, así que: ¡rompamos nuestros relojes de arena y moramos en la plenitud de nuestros delirios, moramos bellos y desequilibrados que es aún más digno que hacerlo como esos simios! Ellos nos cortaron las alas pero aún recordamos de dónde venimos, juntos, podremos retomar ese camino.
     Y no le temamos al infierno puesto que nada puede ser peor que este mundo podrido.
     Amigo, camarada, presionemos ese gatillo.
     Amigo, camarada, escapemos del horrible destino.

     Muere joven e inocente antes que viejo y corrompido.


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