domingo, 22 de mayo de 2016


No me eches de tu vida



¿Qué haré?
Cuando me cierres todas las puertas.
¿Cómo sobreviviré?
Cuando dejes de hablarme siquiera.

Puedo soportar las mordidas ajenas.
Puedo, realmente, curar esas heridas.
Pero no sé qué haría si te fueras.
No me eches de tu vida.

Me he convertido en una bestia.
En una máquina de matar sentimientos.
Soy víctima de mi propia demencia.
Me ahogo en mi propio veneno.

Pero, cuando todos estuvieron en mi contra.
Tú estabas ahí.
Cuando los demás se resignaron a mi ponzoña.
Tú creías en mí.

No sé realmente si comprendías el por qué.
Pero viste algo en mi alma que no supe descifrar.
Acariciaste mi dolor, me hiciste reír, otra vez.
Me hiciste sentir querida, especial.

Pero no puedes matar lo que logré cultivar.
Con mi odio, y mis colmillos.
Quizá si hubieras llegado antes de la calamidad.
Quizá, algo en mí hubiese sucedido.

Y sé que, tarde o temprano, lo volveré a hacer.
No puedes domar mi dolor.
No quiero lastimarte, y sé que lo haré.
Si no me despego de ti, mañana u hoy.

Y, por otro lado, algo en mí llora.
Y desea refugiarse en tus brazos píos.
Pero he lastimado a muchas personas.
Y no quiero hacer lo mismo contigo.

Lo siento, pero debo dejarte ir.
Por favor, no me lo permitas.
Te amo, pero no correré el riego de hacerte sufrir.

¡No me escuches, no me eches de tu vida!



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