domingo, 15 de mayo de 2016



Tristes, confusos recuerdos



¿Me recordarás cuando se alce el sol de Invierno?
¿Llorarás mi nombre en medio de impávidos recuerdos?
 Morir en tu mente sería tan horrible como hacerlo en tu cuerpo.
 Desaparecer de tu corazón… siquiera terminar la frase puedo.

Pero sé que ya no queda nada en esa alma para mí.
A veces, muy dentro mío, una voz pregunta qué me anima a insistir.
Supongo que, en el fondo, aún conservo esperanzas de que vuelvas a mí.
Supongo que, en el fondo, te amo más de lo que quisiera admitir.

Puedo degustar el sabor metálico de la sangre de tu herida.
Cuando decidiste amputarme de tu vida.
Tan abruptamente, tan horrible, me tomaste desprevenida.
Caí al suelo, con el corazón en una mano, y una lágrima escondida.

El dolor fue tan grande que, poco a poco, endureció mis heridas.
Y la decepción tan profunda que ha oscurecido mi sentimiento.
Tan inmensa fue la humillación, el golpe y la desidia.
Que has hecho de mí una bestia desenamorada, tu fiel reflejo.

Me dejaste en la calle, expuesta al desarme, sola y perdida.
Lloré amargamente, como nunca lo hice en toda mi vida.
Mirando al gentío pasar, deambulando, en plena agonía.
Porque algo moría dentro de mí y yo lo sabía.

Y simplemente lo dejé ir.
Decidida a reemplazar el dolor con la cobardía de la indiferencia.
Me hice fuerte a base de golpes, gritos y peleas sin fin.
Jamás me tomé la molestia de hacerle luto a mi inocencia.

Porque de nada me servía, porque era un cáncer molesto.
Porque si no fuera por ella, habría podido verlo.
Me hubiera ahorrado el golpe, te hubiera mordido primero.
Mi orgullo estaría aún intacto y no me ahogaría en recuerdos.

Y ahora, luego de tantos años, no puedo evitar preguntarme.
Mientras limpio la sangre de mis uñas sobre mi trono de hielo.
Si me recuerdas, si aún estás vivo y si lograste reemplazarme
Si alguna vez tendré la oportunidad de verte de nuevo.


¡Ay! Tristes, confusos recuerdos… 


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