viernes, 20 de mayo de 2016



Y aquí vamos de nuevo




   Y ahí vamos otra vez.
   Todo iba bien hasta que volviste a torturar esta pobre mentalidad y sabes que soy débil y sabes que voy a ceder… Eres un veneno al alma que, de vez en cuando, me hace delirar y cambiar de parecer.
   Nada de esto es real.
   Y aquí vamos otra vez.
   Creía que habíamos terminado, que el tiempo podría borrar el sabor de tus labios, que un nuevo cuerpo sería capaz de reemplazar tus abrazos pero todo fue un error. No tenías planeado dejarme en paz y es que sabes que, en el fondo, te sigo deseando con pasión. Sabes que, cuando marques esos números, no voy a dudar dos veces en levantar ese teléfono con renovada emoción.  
   Soy peor que un infante, ¿cierto? Vivo con la ingenuidad de que algún día me querrás, creo en tus mentiras cual si fueran una verdad.
   Somos los dioses de la promiscuidad.
   Somos una mentira en la cama.
   Un coro de gemidos enlatados.
   Y, si  me preguntas, somos el dúo perfecto.
   Y, si me preguntas, nunca te he olvidado por completo.
   Y aquí vamos otra vez.
   Si supieras cuánto me detesto por esto… pero no puedo, no puedo extirparte de mi sentimiento, no importa con cuántos hayas estado, no importa cuántas veces me hayas engañado, mientras duermas en mis brazos no me importará cuántos te hayan disfrutado.
   He gozado la carne del Olimpo, me he embriagado con el ardiente vino, me he deleitado con el banquete promiscuo pero nada se compara contigo. Ningún cuerpo, ningún gemido, absolutamente nada puede superar la sensación que produces en mi alma cuando susurras a mi oído, cuando tomas mi mano con esa timidez de niño, cuando apoyas tu frente sobre mi hombro buscando algún alivio.
   Y nada, absolutamente nada, se compara al quiebre que siente mi corazón cuando escapas de mis besos y desapareces sin dar aviso. Ignoro si esto es amor, obsesión o algún otro tipo de sentimiento raído y en el fondo no quiero saberlo y es que tengo miedo pero no me atrevo a admitirlo.
    Y ahora que vuelves a mí creo saber cómo seguirá esto: hemos creado sin querer un hábito perverso, nuestros actos son tan mecánicos pero, extrañamente, jamás me canso de hacerlo.
    Nada de esto es real.
    Me pregunto si será un sueño.
    O una triste enfermedad.
    Y aquí vamos de nuevo.    



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