martes, 3 de mayo de 2016



Yo te amo



   Hace mucho tiempo intentaba cambiarte, intentaba hacerte ver el daño que provocabas con tus acciones petulantes, con tus idas y venidas discordantes. No tienes idea- ¡claro que no!- de lo mal que le has hecho a esta alma siquiera y tampoco sabes lo mucho que te amo, la locura muda que embarga a mi corazón cuando te acercas, el silencio coloso que amenaza con tragarme cuando me dejas.
   No, no tienes idea.
   Y jamás la tendrás.
   Porque te encuentras tan dentro de ti mismo, tan sumido en tu egocentrismo raído, tan cansado del mundo que te rodea que apenas sí sabes donde caminas, qué comes y dónde dormitas: te ahogas en un vaso de arena. Tienes el alma enferma, los sueños muertos y una mirada vaga que apenas percibe lo que le rodea. Te he perdido en el laberinto de tu consciencia y, en el fondo, sé que jamás podré recuperarte.
   Pero, a veces, simplemente pretendo no mirar mientras sonrío y te cobijo entre mis brazos como antes. Como en algún recuerdo de infante que apenas sí puedo recordar, hago lo que puedo dentro del escaso abanico de posibilidades que me ofrecen tus sentimientos laxos y mi propia ingenuidad.  
   Es tan triste, tenerte y no hacerlo al mismo tiempo. Abrazarte y saber que esos brazos  que se enredan torpemente alrededor de mi cintura son parte de un gesto automático y, ¿quién sabe?, quizá también de lástima. Es penoso no poder quebrar este círculo vicioso y amargo del que me he enviciado sin darme cuenta, pretender que aún sigues aquí, que me reconoces y me amas como hace unos años.
    A veces me pregunto quién es el enfermo.
    Y a veces, sólo a veces, pretendo no saberlo.
    Vives en condecoraciones borrosas y mundos imaginarios en donde logran cumplirse todos tus sueños. Cuando te observo sonreír, con la mirada enajenada en otro lado, me pregunto si, por lo menos, me encuentro en tu país soñoliento. Quizá esté abrazándote y vitoreando cualquiera que sean tus éxitos o viviendo contigo en algún lugar recóndito rodeado de bosques, arroyos y silencio.
      Y es entonces cuando yo también sonrío y me olvido de todo por unos momentos, y me uno a tu imaginación desenfrenada y creo un mundo nuevo, donde sólo estemos tú y yo, donde me quieras y vuelvas a clavar la mirada en mí como hace ya tanto tiempo. Donde tus quimeras no puedan encontrarnos y podamos vivir en paz y lejos. De las personas que te han convertido en esto, de las decepciones que se agolparon en tu pecho, de todo lo que pueda llegar a provocarte desconsuelo.
   ¡Quisiera tener el poder de un dios y darte todo eso!
   ¡Poder abrir tus ojos y liberarte de esa prisión de congoja y recuerdos!
    Pero estoy tan lejos…
   Y es entonces cuando lloro de impotencia.
   Y es entonces cuando me acerco a ti, hundo mi rostro en tu regazo y murmuro tu nombre como el más querido y bello de los credos.
    Y es entonces, sólo entonces, cuando me doy cuenta de que me he perdido por completo, de que esto no acabará hasta que la agonía abandone tu cuerpo. No puedo irme, por más que sepa lo absurdo e inútil de mi gesto, no puedo, no quiero. Porque te amo demasiado y una vida sin ti sería un agujero de oscuridad y silencio. Pese a que no puedas verme y no forme parte de tus pensamientos, pese a que no sea importante para ti y no figure en tus recuerdos.
    Te amo tanto que daría mi vida con tal de poder liberarte de la depresión de tus pensamientos.
    Te amo y eso es lo que de veras me importa en estos momentos.
    Aunque nunca lo sepas y tengas el corazón hermético.
    Aunque jamás logre tocar la superficie helada de tus sentimientos.
    Yo te amo.
    Y me quedaré a tu lado aunque me mate el silencio.  
    
                               
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